Vacaciones

 

No sé si recuerdas o has visto la película Barrio, de León de Aranoa. Retrata sin pudor ni lindezas, pero respetando la dignidad de sus personajes, el verano de tres amigos y compañeros de instituto en la España de finales de los 90, comiéndose los mocos en un barrio del extrarradio madrileño. Eran por entonces tiempos en los que, como ahora, sufríamos una crisis cruenta, que dejó en el paro a muchas familias de clase media, condenándolas a una pobreza cocida a fuego lento. 

Javi, Manu y Rai, sus protagonistas, malviven en viviendas sociales, de esas que parecen cajas de zapatos apiladas, aguantando como pueden un verano eterno, sin nada que hacer ni dinero con el que matar el tiempo. Seguro que a muchos de vuestros alumnos -a los míos al 100%- les suena familiar este retrato distópico. Hace una semana, mientras hacía una guardia, un docente animaba a un alumno a aguantar lo que queda de curso: Ya falta poco. ¡Tendrás ganas de vacaciones! El alumno, en un gesto entre tristeza y resignación, y sin mirar a los ojos del docente, le respondió entre dientes: ¿Qué vacaciones? Dos palabras bastaron para entender toda una vida. El profesor y yo nos miramos de soslayo. No hicieron falta más palabras. Todo estaba dicho, y sin embargo, qué sensación amarga, qué impotencia. 

No estudia, no me atiende, no quiere sacarse la ESO. ¡Si ellos hablaran...!  De la soledad, del desasosiego que les provoca no entender o entenderlo todo y no poder remediarlo; salir del barrio, soñar una vida ajena al desamparo, la condena a una pobreza que destruye las ganas. ¡Si ellos hablaran...! 

A veces un gesto, dos palabras hiladas al vuelo en un pasillo lo dicen todo, invitan a repensar nuestra mirada. La ética del encuadre, que dirían los cineastas. Girar la cabeza, mirar lo hasta ahora obviado, basta para transformar la manera de estar en este oficio. Enseñar tiene mucho de cuántica: la posición (física, estética y ética) del docente muta la actitud del alumno. Un leve movimiento del observador es suficiente para que la posición del joven electrón fluctúe. Lo difícil es aprender a mirar.

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