¡Soy libre!


Hoy, a última hoy, oí a una alumna este exaltado arrebato de liviana dignidad. Pese a la profana naturaleza de su exclamación, nunca en lo que llevo de profesión he oído hilar en boca de un alumno estas dos palabras. Por un momento creí ver en el gesto una declaración de intenciones, un deshinibido alegato contra opresiones e injerencias, un brote de esperanzada revolución. Pronto desperté de mi optimismo para regresar a la obvia causalidad, pero por si acaso, no sea que me equivoque y no deje impronta visual de tamaña épica, cogí tinta y papel y garabateé esta viñeta.

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