Pilar Alegría

 



Todos hemos tenido en nuestras aulas algún alumno/a que aunque parece atento, está en Babia, enredando por lo bajo, urdiendo en entretelas, presente solo en cuerpo. Hoy, al saber que a nuestra Ministra de Educación, Pilar Alegría, le han dado la portavocía del PSOE, me la imaginaba así, como esa alumna que está pero no, sonríe con gesto calculado, pero su mente anda en otras faenas, ajenas al pupitre. No entiendo mucho de portavocías, pero intuyo que ser la voz de un partido debe exigir una entrega constante, estar cada día al rebufo del tuit mediático, para responder con ladina displicencia y eficacia perlocutiva, no sea que la imagen del partido se aje y marchite al son del descrédito ajeno. Por eso, la decisión, en lo que me toca, se me antoja irresponsable, porque no me creo que con la que está cayendo en el sistema educativo, la ministra se entregue con igual ahínco -ya de por sí escaso y contradictorio durante su único año de mandato- a sus menesteres. Se intuye que nuestra ministra busca hacer carrera política, y que lo de comandar Educación es solo un medio para un fin, un entremés mientras escala. Heroico, sin duda, no parece. Y la Educación está hecha unos zorros como para dar esa sensación de venir para unos días e irse. En fin, uno ya no tiene bilis con la que indignarse; solo queda una amarga tristeza que exorcizo cuando vuelvo al aula y me rubrico en que, más allá de la miseria que rodea al sistema, lo importante son los alumnos. Solo ellos.

Comentarios