Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Así comienza Historia de dos ciudades, del maestro Dickens. El peor de los tiempos suele percibirse como el que vivimos en el momento presente, no el que recordamos. El tiempo de la memoria se construye con retales imperfectos que la imaginación hila a libre albedrío, dando sentido y forma para avanzar.
A la incertidumbre que transitamos en cada tiempo vivido, hay que sumar otra que compartimos en épocas donde las certezas asentadas durante décadas se desmoronan, y aún no existen otras que sustituyan a aquéllas. Somos protagonistas de un momento de transición, bajo un suelo movedizo, que remueve convicciones y nos obliga a desasentarnos a nuestro pesar. Unos, esquivando inútilmente esta indeterminación, se refugian en la nostalgia, mirando con sospecha todo lo que traiga ecos de novedad; los otros, no menos perplejos e incapaces, se lanzan a un adanismo futurista, escupiendo sobre la tradición. Apocalípticos e integrados, que diría Umberto Eco, creen tener en su poder el bálsamo de Fierabrás, pero en soledad no puede uno más que rubricar su incertidumbre y reconocer que para arañar luz al presente no queda más remedio que escuchar, cediendo terreno, restando seguridad a nuestras certezas.
Hoy, mientras imaginaba a los cientos de aspirantes a una plaza de maestro/a, que en breve se enfrentarán a las oposiciones, pensaba en los docentes que compondrán los tribunales, en si escucharán con sabia prudencia y honestidad a la savia nueva que comienza esta noble odisea -o anda hace tiempo en la trinchera del interino, bregando como puede en sus precarias aguas- y no cederán a sus trémulas certezas, desde su ínsula de nostalgia o adanismo, pesimistas o entusiastas, haciendo con retales propios un traje ajeno.
Pensaba en los opositores, y los imaginaba audaces, sin miedo a ser heridos por los prejuicios y miedos del tribunal, ilustrando para ellos -para todos- la educación que vendrá, mezcla de lo sabido y lo que aún no está pero podría. Me encantaría mirar por una rendija sus exposiciones, para aprender y tomar nota, saber más, saber juntos, desde esta incertidumbre que atraviesa a todos sin distinción, decanos y legos, nostálgicos y adánicos, todos.

Las certezas asentadas durante décadas, se desmoronan.... Qué verdad admirado Ramón. El proceso de aburrida autodestrucción que supone este evento tortuoso y ridículo nos obliga a implementar aturdidos e inseguros una suerte de estrategias de fortuna y éxito, que son humo. Año de oposición maldito y estúpido, que me hace pasar por encima de mis quehaceres, que me priva de gozar compartiendo momentos, experiencias y vida con la sola certeza de que llega el momento en el que solo sabes que no sabes nada, o al menos , durante este purgatorio.
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